Conociendo a detalle a los cometas, porque nos encanta la astronomía

Conociendo a detalle a los cometas, porque nos encanta la astronomía

Los cometas son objetos con varios kilómetros de diámetro que giran alrededor del Sol en órbitas elípticas muy abiertas. Comúnmente se piensa que se formaron al mismo tiempo que el sistema solar, y que su composición refleja el estado de esta materia original. Los cometas se concentran en los confines de nuestro sistema, más allá de la órbita de Plutón, en lo que se conoce como “La nube de Oort”.

De vez en cuando las perturbaciones gravitacionales, debido a las estrellas próximas y a los planetas, cae hacia el Sol. Al acercarse se recalienta progresivamente y su superficie comienza a vaporizarse y libera gas y polvo. Esta eyección de materia se hace del lado expuesto a los rayos del Sol; pero bajo el efecto del viento solar el gas es rechazado en la dirección opuesta. Se forma alrededor del núcleo una suerte de cabellera que envuelve y enmascara las observaciones, y una cola que se extiende en dirección opuesta al Sol.

Esa cola consta por lo general de dos ramas: una, curvada constituida por polvo y gas neutro, es amarillenta puesto que refleja la luz solar; y la otra, recta, está constituida por átomos y moléculas ionizadas que emiten una radiación azulada. La cola tiene su extensión máxima cuando está más cerca del sol, y puede alcanzar varios millones de kilómetros.

A continuación, el cometa se aleja de una órbita que ha sido modificada por la atracción de los planetas, sobre todo Júpiter y Saturno. Puede escaparse del sistema solar sobre una órbita hiperbólica o convertirse en un cometa periódico si su órbita es elíptica, como en el caso del cometa Halley.

Los cometas más antiguos son casi invisibles, debido a que en cada vuelta pierden una parte de su masa en forma de gas y se debilitan. Se han podido detectar en ellos moléculas de agua, óxido de carbono, anhídrido carbónico y amoniaco, entre otras.